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lunes, 11 de enero de 2016

Leon Morris-El Salario Del Pecado-

Leon Morris-El Salario Del Pecado-
Autor: Leon Morris
Título: El Salario Del Pecado: ¿Cual Es El Significado De La Muerte Según El Nuevo Testamento
Editorial / Editor: Ediciones Evangélicas Europeas
Formato: PDF
Tamaño De Archivo: 263 KB
Páginas: 26.

Descripción:

Cuando el apóstol escribió “la paga del pecado es la muerte” (Romanos 6:23) nos planteó algo así como un enigma. Porque, de hecho, un hombre no muere (en el sentido ordinario de la palabra “morir”) tan pronto como peca, ni siquiera luego ‑‑cuando acaece la muerte‑ es dable reconocer la conexión que exis­te con su pecado. Podemos decir, desde luego, que se trata de la muerte espiritual, pero ¿qué hemos de entender por ese término?

En vista de tales incertidumbres puede ser de uti­lidad el hacer un nuevo examen de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre el tema de la muerte.

De manera general, podemos decir que en el Nue­vo Testamento hay dos conceptos de la muerte que aparecen uno al lado del otro[4]: la muerte consi­derada como el más natural de los fenómenos, y[5], al mismo tiempo, aunque paradójicamente, la muerte entendida como la cosa más antinatural y horrible, como el mayor enemigo.

El primer miembro de la paradoja que hemos se­ñalado se halla claramente expuesto en Hebreos 9:27: “está establecido para los hombres que mueran una sola vez”, en donde la muerte aparece como el fin inevitable del hombre, y un fin establecido por Dios mismo. No es diferente la enseñanza de Juan 11:14 y ss., en donde Jesús dice: “Lázaro ha muerto”, y Tomás exhorta a sus compañeros: “Vamos tam­bién nosotros, para que muramos con él”, porque en ninguna de estas expresiones se trasluce la más mínima repulsa en contra del pensamiento de la muerte. No podemos escapar de la muerte; el hombre debe aceptarla simplemente como una de las condiciones de su existencia biológica.

La muerte no sólo es inevitable sino algo defini­tivo, final. Y porque marca un fin decisivo de la vida que nosotros conocemos aquí y ahora, es em­pleada en expresiones enfáticas, como el hebraísmo: “el que maldiga al padre o a la madre, muera la muerte (en el original)m, que nuestras versiones tra­ducen: “muera irremisiblemente” (Marcos 7:10). Por la misma razón se usa en una gran variedad de ex­presiones, tales como: “Sé fiel hasta la muerte” (Apo­calipsis 2:10), que nos impulsa al cumplimiento máxi­mo de nuestro servicio, toda vez que nada en esta vida puede haber, ni puede hacerse, más allá de la fidelidad hasta la muerte, porque nada hay de esta vida detrás de la muerte. De manera parecida, dice Pablo a los Corintios: “estáis en nuestro corazón, para morir y para vivir juntamente” (2' Corintios 7:3); y cuando habla del odio que sentía contra los cristianos, antes de su conversión, explica que “perseguía este Camino hasta la muerte (Hechos 22:4); mientras que cuando dijo: “tuvimos en nosotros mis­mos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2ª  Corintios 1:9), hacía referencia a la prueba máxima, y su alusión a Dios que resucita a los muertos es para demostrar la grandeza del poder del Señor, que sabe triunfar incluso del último enemigo del hombre. Pablo también hace use de la fina­lidad de la muerte para expresar de manera vigorosa el peligro a que está expuesto el predicador del Evangelio, como cuando exclama: “cada día muero” (1ª  Corintios 15:31; cf. con 2ª  Corintios 4:11). De acuerdo con todo ello, la “herida de muerte” ‑“he­rida mortal” de Apocalipsis 13:3, 12‑ es el más serio de los daños.

Estos usos .son muy parecidos a los de nuestra conversación ordinaria y, por consiguiente, resultan perfectamente comprensibles. Así, nos es completa­mente inteligible el use metafórico que hallamos en la parábola del Hijo Pródigo, el cual, según leemos, “muerto era” (Lucas 15:24, 32), o el que se hace en conexión con la iglesia de Sardis, a la que fue dicho: “tienes nombre de que vives, y estás muerta” (Apo­calipsis 3:1). Esta es la extensión actual del signi­ficado normal y apenas merece comentario. La muer­te es, pues, el final natural de nuestra existencia carnal y como a tal la cosa más lógica del mundo.

Pero ya hemos dicho que el concepto de la muerte entraña una paradoja en la Biblia. Hasta aquí no hemos dicho mucho, en realidad ni siquiera hemos mencionado lo, más importante, al hacer referencia a la muerte como una necesidad biológica universal. “Hemos de morir porque somos polvo. Esta es. la ley de la naturaleza a la cual nos hallamos some­tidos como los demás seres: montañas, flores, bes­tias: Pero, al mismo tempo, hemos de morir porque somos culpables. Esta es la ley moral a la cual, y a diferencia de otros seres, estamos sujetos. Ambas leyes son igualmente ciertas; ambas son enseñadas Biblia”[6]. Estas pala­bras de Paul Tillich nos recuerdan que la muerte es más que el mero término de la existencia terrena, y que este “más va estrechamente unido al pecado del hombre, según el pensamiento que inunda todo el Nuevo Testamento. Porque la muerte no es sola­mente un acontecimiento, es un estado. Este punto de vista tan solemne se encuentra en todas las pá­ginas del Nuevo Testamento, y aunque cada uno de los escritores inspirados que contribuyeron al mismo tenía su propósito y énfasis particulares, es dable hablar de una idea novotestamentaria de la muerte, la cual tiene que ver con este concepto anti­natural que la considera una toss mala tanto como una necesidad biológica[7]. Este concepto considera la muerte como un enemigo, y la estudia prestán­dole una viveza particular, hasta el punto que casi la personifica.

Consideraremos, pues, ahora, esta idea de la muer­te como un enemigo del hombre.

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